Empezamos el segundo día descansando, para compensar la noche corta del primer día que pasamos en el avión. A continuación, tomamos el metro para llegar a uno de esos puentes a a medio construir que todavía no llevan a ninguna parte que abundan en una ciudad en expansión como es Dubai: el monorrail de Palm Jumeirah. Y no es que el monoraíl no esté construido, sino que dos de las cuatro paradas no están operativas: se supone que en medio va a construirse una torre más de Donald Trump, pero por ahora sólo hay cimientos y una estación cerrada.
Los cimientos de la torre Trump de Dubai
Y no es que no lleve a ninguna parte, sino que no hay ninguna conexión entre el monorraíl y la red de metro, lo que obliga (en verano) a coger un taxi para ir entre los dos, y en ese momento cuesta más bajarse de él que continuar en el taxi, si no fuese por las vistas que proporciona el trayecto de monorraíl hasta el otro lado, que te dan una idea del complejo Palm Jumeira, cuando no es posible obtenerlo desde lo alto del Burj Khalifa como fue nuestro caso. Palm Jumeira es un terreno en forma de Palma conquistado al mar, con edificios de pisos (y un hotel) en el tronco y chalets con playa en las frondas. La única explicación que puedo encontrar a que lo hayan hecho en el mar en lugar de en tierra firme (a fin de cuentas terreno desierto tienen de sobra en Dubai) es la posibilidad de tener playa privada y una seguridad extra...
Vista de una de las ramas de Palm Jumeirah
El monorrail lleva al extremo externo (la cima de la palma), donde está el hotel Atlantis y dos parques de atracciones: uno acuático (Aquaventure Waterpark) y otro un acuario con delfines (Dolphin Bay). El acuático tiene buena pinta, aunque con 40 grados fuera del agua, no tengo claro si el agua de las atracciones está refrigerada o si la sensación de bañarse es agradable...
El hotel Atlantis, de Palm Jumeirah
Terminada la visita turística, comenzó nuestra aventura en el desierto: uno de los entretenimientos turísticos se denomina safari del desierto, y consiste en un recorrido por las dunas vírgenes del desierto en 4x4, exprimiendo todas las capacidades del vehículo al límite: para dar mayor tranquilidad el vehículo está reforzado con barras antivuelto, y agarraderos especiales ya que todos los agarraderos estándar estaban rotos. Pero a pesar de las arriesgadas maniobras (creo que aquí lo llaman "dune bashing"), no volcamos y llegamos sanos y salvos al entretenimiento posterior.
Este íncluía comida buffet árabe, barra libre de bebidas y refrescos, una vuelta en camello (no sé si recordaba haber montado alguna vez en alguno, pero lo que me impresionó es lo altos que son), y la opción de pintarse con henna (para las mujeres) y aprender a fumar en sheesha (para los hombres).
Camellos esperando a llevar a los turistas
Acorde con los tiempos, además ofrecían la posibilidad de hacer sandboarding con una tabla, que parecía bastante diferente de hacerlo sobre nieve (parece que resbala mucho menos) e incluso montar en quad por el desierto.A diferencia de otros lugares, no había sorpresas y costes ocultos, sino que todo lo que se anunciaba estaba incluido y los extras a pagar estaban claramente indicados. Eso sí, como es Ramadán, nada de danza del vientre.
Una anécdota: como deferencia a los pasajeros, dado el calor reinante, y contraviniendo las normas de seguridad, el conductor repostaba con el motor encendido para poder usar el aire acondicionado (se ve que el motor está al ralentí, no parado).
Repostando con el motor encendido
Precio del litro de super 95 en Dubai en verano de 2012: 1,72 Dinares (AED), unos 39 céntimos de euro... esto explica por qué los taxis son baratos y la calle principal llega a tener ocho carriles por cada sentido).
Por otro lado, las hamburguesas en el hotel Atlantis eran menos asequibles... (130 AED son 30€ al cambio y 57,5 unos 13€). Pero no hay que desesperar: en otros sitios se puede comer (incluso mejor) por menos dinero, como veremos el próximo día.
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